La sangría es una de las bebidas más populares para compartir en reuniones, parrillas, verano o cualquier ocasión donde se quiera algo fresco, afrutado y fácil de tomar. Aunque se asocia principalmente con España, hoy es un clásico en muchos países, incluido el Perú. Prepararla bien no es solo mezclar vino con fruta: una buena sangría tiene equilibrio, fruta bien elegida, un toque justo de dulce y, si la incluyes, una porción medida de licor fuerte. Aquí encontrarás una receta de sangría bien investigada, con proporciones claras, tips profesionales y variantes para que la adaptes a tu gusto.
Ingredientes básicos de la sangría clásica
Para 1 jarra grande (aprox. 4 a 6 porciones):
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1 botella de vino tinto joven (750 ml), de preferencia afrutado
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1 naranja (mitad en jugo y mitad en rodajas)
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1 limón en rodajas finas
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1 manzana en cubos o láminas
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2 cucharadas de azúcar (o 30 ml de jarabe simple)
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60 ml de licor (brandy, coñac o ron, opcional pero recomendado)
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250 a 300 ml de gaseosa de naranja o soda (para dar burbuja y aligerar)
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Hielo en cubos
Opcional: durazno, uvas sin pepas, frutos rojos, rama de canela o un toque de canela en polvo muy ligero.
Cómo hacer sangría paso a paso
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Elige una jarra amplia de vidrio, de preferencia transparente, para que se vean bien las frutas.
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Vierte el vino tinto en la jarra.
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Agrega el jugo de media naranja y reserva la otra mitad cortada en rodajas.
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Incorpora el limón en rodajas, la manzana en cubos y cualquier otra fruta que desees usar.
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Añade el azúcar o jarabe simple y remueve hasta disolver lo más posible.
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Si vas a usar licor (brandy, ron, coñac), este es el momento de incorporarlo. Mezcla bien.
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Lleva la jarra a la refrigeradora y deja reposar al menos 2 horas, idealmente entre 4 y 8 horas. Este reposo permite que las frutas aromaticen el vino y suavicen el conjunto.
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Justo antes de servir, agrega hielo en cubos y completa con gaseosa de naranja o soda para darle burbuja y ligereza. Mezcla suavemente.
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Prueba la sangría: si está muy fuerte, añade un poco más de gaseosa; si le falta dulzor, ajusta con un poco más de jarabe.
La sangría debe sentirse fresca, afrutada, con el vino presente pero sin ser agresivo, y con una dulzura moderada que invite a seguir bebiendo sin empalagar.
Qué vino usar para una buena sangría
Lo ideal es un vino tinto joven, afrutado y sin mucha madera. No tiene sentido usar un vino muy caro, pero tampoco uno defectuoso. Un vino con notas a frutos rojos, cuerpo medio y taninos suaves funciona perfecto. Evita vinos excesivamente tánicos o muy añejados en barrica, ya que pueden hacer que la sangría resulte áspera. Si prefieres algo más ligero, también puedes hacer sangría con vino rosado o incluso con vino blanco, ajustando la fruta y el dulzor.
Proporciones recomendadas
Como guía general para 1 botella de vino (750 ml):
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Vino: 750 ml
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Licor (brandy/ron): 60 a 100 ml (según qué tan “fuerte” la quieras)
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Azúcar/jarabe: 30 a 50 ml (ajustable según tu gusto y la dulzura de la gaseosa)
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Gaseosa o soda: 250 a 400 ml (para aligerar y dar burbuja)
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Fruta: 2 a 3 piezas de fruta grande en total, cortadas en trozos (naranja, manzana, durazno, etc.)
Mantén siempre un equilibrio entre vino, dulzor y burbuja. Si añades mucho licor, sube un poco el volumen de gaseosa para no saturar.
Trucos para que la sangría quede profesional
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Reposo mínimo: no saltes el paso de refrigerar. La sangría recién mezclada sabe a vino con fruta; la reposada sabe a sangría.
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Frutas firmes: manzana, naranja, limón, durazno y uvas aguantan bien el reposo sin deshacerse.
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Corta la fruta en trozos medianos, que sean fáciles de servir y comer, pero no tan pequeños que se desintegren.
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No te pases con el azúcar: recuerda que la gaseosa ya aporta dulzor. Es mejor quedarse corto y ajustar al final.
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Si quieres un toque aromático especial, añade una rama de canela o un par de clavos de olor durante el reposo, y retíralos antes de servir si no quieres que dominen.
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Sirve la sangría en vasos con hielo y trozos de fruta, para que la presentación sea tan atractiva como el sabor.
Variantes de sangría
Aunque la receta clásica es con vino tinto, hay muchas versiones interesantes:
Sangría blanca: se prepara con vino blanco seco o semiseco. Combina muy bien con frutas como durazno, manzana verde, uvas blancas y cítricos. Se puede usar soda de limón o ginger ale para completar.
Sangría rosada: hecha con vino rosado, es más ligera y suele ir con frutos rojos (fresas, frambuesas), naranja y limón.
Sangría de verano: versión más ligera, con menos licor o incluso sin licor fuerte, un poco más de soda y muchas frutas frescas. Ideal para días muy calurosos.
Sangría tropical: incorpora maracuyá, piña, mango o naranja sanguina. Es perfecta si quieres un perfil más exótico y jugoso.
¿Se puede hacer sangría sin alcohol?
Sí. Puedes preparar una sangría sin alcohol usando jugo de uva, jugo de manzana o una mezcla de ambos como base en lugar de vino, más gaseosa de naranja o soda, frutas y un toque de jugo de limón para equilibrar. El resultado es una bebida refrescante, aromática y apta para todos los públicos, ideal para reuniones familiares o cuando no quieres consumir alcohol pero sí disfrutar del ritual.
Cómo servir la sangría
Lo ideal es servirla en:
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Jarra grande de vidrio, con fruta visible y hielo.
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Vasos anchos o copas tipo vino, llenando primero con hielo y algunas frutas, luego la sangría.
Asegúrate de mezclar suavemente antes de cada servicio, ya que el azúcar y la fruta tienden a asentarse. Mantén siempre la jarra fría; si la reunión es larga, puedes tener una jarra extra en el refrigerador para ir reponiendo.
Errores comunes al hacer sangría
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Usar vino de mala calidad, pensando que “las frutas lo arreglan”.
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Excederse con el licor y terminar con una mezcla demasiado fuerte.
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No darle tiempo de reposo suficiente.
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Cargarla de azúcar y hacerla empalagosa.
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Usar poca fruta o fruta pasada, que se deshace o aporta mal sabor.
Evitar estos errores marca la diferencia entre una sangría casera promedio y una que realmente sorprenda a tus invitados.
La sangría es una bebida sencilla, pero con mucha personalidad. Con una buena base de vino, frutas frescas, un toque medido de licor y el tiempo de reposo adecuado, puedes preparar una jarra que se convierta en protagonista de cualquier reunión. La clave está en respetar las proporciones, elegir bien los ingredientes y ajustar al gusto con pequeños detalles. Si sigues esta receta y estos consejos, tendrás una sangría equilibrada, aromática y refrescante, lista para acompañar almuerzos, parrillas, celebraciones o simplemente una tarde entre amigos.




